Con la cultura de lo gratuito mueren los profesionales y el tejido económico español

Si eras una chica, enfilando tus primeros escarceos sentimentales, tu madre te advertía de que debías hacerte valer. Ahora esos chicos lo encarnan las empresas decididas a entrar en idilio con un profesional y, por supuesto, independientemente de tu género, por ahí sigue rondando alguien que te dice eso de “hazte valer” y la advertencia materna sigue vigente porque, al parecer, brindar servicios de forma gratuita sólo sirve para devaluar al profesional.

Para Jordi Collell, mamá tenía razón y su “coaching” personal y altruista es de sobresaliente: “Si nos acogemos al principio de ofrecer gratis nuestro trabajo o bien somos unos suicidas desde el punto de vista profesional o es que consideramos que lo que ofrecemos no tiene valor”.

Este economista y asesor de marca personal anda imbuido de una lógica aplastante porque al brindar servicios gratuitos sólo escondemos la etiqueta del precio y muchos, casi todos, necesitamos entrever los ceros de la prenda para no acabar pisoteando ese bien que hemos recibido: “Total no vale nada o, por lo menos, no nos ha costado dinero, así que…”.

Se suele decir que con la piratería muere la cultura, pues aquí se reproduce el modelo catastrofista, sólo hay que reemplazar unas palabras por otras en este sudoku y vualá, tenemos nuestra hecatombe particular:  “Con los servicios gratuitos muere el profesional”.

Es cierto que muchas veces caemos en el altruismo profesional obedeciendo al dios del Marketing: que si dos meses gratis si contratas ahora, que si un 2×1… (¿imaginación, para qué te quiero?), y otras veces nos toca apechugar con lo gratis porque somos unos noveles del ramo y andamos apurados de rodaje profesional. Por lo tanto, aquí llegan los becarios, las prácticas, los reciclajes profesionales, los voluntariados o, simplemente, evitar las lagunas curriculares con esas largas estancias en la cola del paro, pues los meses, o incluso los años en blanco, hacen púas en nuestras aspiraciones laborales.

Además, parece que con la crisis la necesidad de becarios ha repuntado, pues, según el Servicio de Orientación y Planificación Profesional (SOPP) de la Universidad Carlos III de Madrid, desde el inicio de la crisis se ha registrado un aumento de las peticiones de becarios por parte de las empresas, más aún que de contratos de prácticas.

Universia también arroja otro dato: “Existe una cierta tendencia a cubrir con becarios puestos que antes estaban ocupados por contratados laborales, aunque este aumento «no es exagerado»”.

Lo cierto es que el fenómeno de ofrecer productos y servicios gratis es hijo de la crisis. A ella le corresponde la maternidad de una situación a la que se ven abocados muchos profesionales. A ver si ella (la crisis) algún día, empieza a decirnos eso de “hija, hazte valer”.

By | 2017-10-16T13:43:46+00:00 23 febrero, 2013|Categories: Gestión|Tags: , , , , , , , , , , |4 Comments

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4 Comentarios

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    David Gómez 25 febrero, 2013 en 18:44- Responder

    Hola Ana, muy buen artículo.

    Esta mañana comentaba en otro blog que, en el peor de los casos, antes que minusvalorar tu trabajo rebajando tus precios es mejor “regalar” servicios, pero haciendo que quede constancia de su valor y excepcionalidad y solo con aquellos clientes con los que crees que merece la pena.

    Como muy bien dices si das un buen servicio y crees en tí y te respetas, tus verdaderos clientes terminarán haciendo lo mismo.

    Saludos

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      Websa100 25 febrero, 2013 en 21:26- Responder

      Hola David
      ¡Muchas gracias por tu comentario! No podemos más que estar de acuerdo contigo. Un saludo

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    Mariano Fernandez 6 marzo, 2013 en 12:10- Responder

    A nosotros nos lo piden prácticamente todos los días.

    En la mayor parte de nuestros casos el cliente no busca tanto una ventaja de coste para él, simplemente busca la absoluta seguridad de que lo que paga le rentará.

    Nosotros vendemos pequeñas empresas y negocios personales y eso que parece fácil tiene detrás muchísimo trabajo, que por muy bien hecho que esté y por muchas horas que le dediques, si eres honesto podrás dar medios para que comprueben que cumples en lo pactado sobre la cantidad y calidad de tu trabajo, pero no puedes garantizar el éxito absoluto, el precio o el resultado tal y como lo desea el vendedor. Puede que el futuro comprador no quiera pagar tanto, haga contraoferta o pida facilidades.

    Nosotros aquí nos plantamos, damos las explicaciones que sean necesarias para resolver cualquier duda, pero el servicio que ofrecemos tiene un precio, si lo necesitas y no lo puedes pagar, lo pagas a plazos eso sería un mal menor, pero el precio es el mínimo que consideramos debe tener y eso es intocable.

    Por otro lado hoy hay la percepción general de que si compro algo, lo que sea, puedo poner condiciones, “porque como nadie vende….”, pero la realidad es otra, los precios en general ya están reajustados, pretender ventajas descuentos o favores gratis es en muchos casos entrar de lleno en el ridículo.

    Puedes negociar todo con el cliente, incluso debes hacerlo si la situación lo exige, pero no puede dejar que sea el cliente el que te diga lo que debes cobrar. Si lo haces no tienes clientes con el tiempo de darás cuenta de que lo que tienes es otra cosa bien distinta.

    Un último consejo, cuando esto ocurra procurar no entrar en el tema personal, sólo son negocios, si no lo puedes reencaminar, di que no y olvídate.

    saludos a todos

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      Websa100 6 marzo, 2013 en 12:21- Responder

      Hola Mariano

      Gracias por tu acertadísimo comentario, estamos completamente de acuerdo contigo. Nos pasa como a vosotros: podemos garantizar que se va a hacer un trabajo honesto y muy profesional, pero no podemos garantizar cosas que están fuera de nuestro alcance. Y hacer ese tipo de trabajo lleva tiempo y por ello, implica una contraprestación económica. Existe una costumbre muy arraigada en servicios que se parece a la compra en mercadillos: el regateo. Parece que asumimos que el primer precio no es el definitivo y que hay margen para bajar. Pero si eso ocurre esto quiere decir que la primera oferta era ficticia, no reflejaba el precio de los servicios ¿no os parece?. Y coincidomos 100%: es mejor un no a tiempo que luego estar lamentando haber dicho sí a las exigencias en precio de los clientes. Un saludo y gracias

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