Una de las bases tradicionales de la actividad empresarial es el posicionamiento, pero no el posicionamiento web, que sí, que también, sino otro más genérico y común, el hecho de colocarse, ubicarse, un paso por delante de la competencia.

Es decir, un buen posicionamiento en el mercado, una buena posición financiera, una opción estratégica que haga estar bien situados en la carrera de, por ejemplo, la comercialización de productos… Así, hasta agotar existencias… de posicionamiento.

Ese posicionamiento estratégico común en la gestión empresarial se basa en una serie de normas no escritas, que se pueden traducir en una palabra, secretismo o privacidad en la acción.

La actitud de reserva sobre las acciones propias o la no divulgación de la información que se maneja de acuerdo a redes de contactos propias eran parte de la forma de proceder de la acción de todo empresario, de los grandes grandes y de los autónomos. De todos. Se trata de una ventaja decisiva y se justifica por sí sola.

Sin embargo, digo ‘era’, porque ahora mismo no es, en realidad hace tiempo que ha dejado de ser parte de la cultura del empresario vivir al cien por cien tramado en esa opacidad.

Los nuevos canales de los social media, las redes sociales, la interactuación en los formatos virtuales, con publicidad, con marketing online de alcance público, han hecho rotar esa información reservada hacia una mayor transparencia que, en algunos casos, se llega a denominar transparencia informativa en un término tomado de los media, y, en otros, no es más que la consecuencia de esa interacción tan de Internet de realizar cambios en reciprocidad (y en aparente igualdad).

Si ahora los clientes y los proveedores forman parte de las redes de contactos en los social media, la norma no puede ser otra que dejarse ver, hablar, dialogar, comunicar en línea, tener atenciones, concertar eventos, descubrirse guiados por esa transparencia que ha impuesto las condiciones de base de la 2.0.

Y si no, haz una reflexión, intenta recordar lo que han hecho algunas marcas de relieve, de moda, por ejemplo, con sus making off, sus preparaciones de colecciones, sus sesiones de fotos de las sesiones de fotos en las que se exhiben con pelos y señales los diseños de la casi próxima temporada.

Se trata de hacer relevancia de lo cool, lo fresco, lo noticioso, que paradójicamente coloca a la competencia fuera de la relevancia que el propio posicionamiento de transparencia corporativa revela.

Sin embargo, también es verdad que esa transparencia, que forma parte de la política de comunicación de una empresa en los social media, en sus campañas, en sus proyectos, en su marketing online, sólo revela una parte de la labor de gestión, precisamente la que interesa airear en ese flujo positivo que alienta esta nueva manera de comunicar ¿Tomas nota?

Transparencia 2.0. ¿La practicas en tu negocio?