Las pymes son entidades comerciales y profesionales pequeñas por definición. Sí, es cierto, con un espacio de actuación y una capacidad de influencia físicas limitadas, Internet y sus opciones 2.0 virtuales aparte, por supuesto. Pero, fijaos, no hay nada que diga que ese tamaño les impide desarrollar las mismas herramientas e idénticas técnicas que las grandes corporaciones para labrarse su propio futuro comercial.

Visto el problema de las dimensiones desde una perspectiva diferente y, si se quiere, alternativa, la única dificultad que le queda para el profesional es asumir que realmente puede desenvolverse como las grandes firmas y no fallecer en el intento. En realidad, todo se reduce a la cuestión de cómo insertar esas estrategias en el día a día de la pyme y de cómo mentalizar las cabezas pensantes que están al frente de ella de que hay que hacer cambios.

Para que el pequeño empresario se lo crea y actúe en consecuencia siguiendo unas pautas en clave de corportamiento microcorporativo.

Una primera pauta, la pauta clave de nuestros días, es echarse en brazos de Internet. Montar un servicio de ventas online, tener una segunda luna de escaparate en la Red. Se abaratan costes y la marca de la pyme aparecerá, sin más, y, para quien la vea en su fórmula virtual, en igualdad de condiciones que las multinacionales.

Y un consejo añadido a éste. Y ya que se está en Internet, que se comercia en la Red, internacionalizar las ventas es lo siguiente y además lo lógico y coherente. Internet no entiende de fronteras, ni de horarios. En el cartel de la web de una pyme siempre pone ‘open’.

Por si no lo ha advertido, trabajar con Internet es dedicar una parte de las acciones de gestión y las comerciales a tareas llamadas de networking. Correos electrónicos y redes sociales son las herramientas básicas de este nuevo estar detrás del mostrador.

Otra clave para ganar espacio siendo pequeños es la de ser innovador. No hace falta invertir en I+D para ganarse el reconocimiento de los clientes. Puede bastar con agrupar servicios como nadie lo ha hecho para ser innovador y, además, sin invertir. Con lo que se tiene. Recolocar servicios que se ajusten a las necesidades de los clientes con lo que hay y darle a todo ello una denominación llamativa. Marketing, marketing, marketing.

Y ahí entramos en un último consejo para la pyme que quiere moverse como una grande. El público objetivo del siglo XXI es el eje central del marketing, se trata casi de seleccionar al cliente uno a uno. Ir a por él, con la ayuda de los recursos de las redes sociales. El futuro está ahí fuera y ser pequeño no es un inconveniente, la perspectiva es diferente el suelo, la calle, la realidad se ve más próxima. Una ventaja que no tienen las grandes corporaciones que escuchan a sus clientes a través de formularios de quejas y con el retorno de los comentarios de sus comerciales. Una pyme tiene oídos y sus ojos puestos en la calle.

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