Los autónomos de este país han seguido la estela de las grandes corporaciones españolas que desde los años noventa trabajan América Latina. No por gusto, desde luego. La han seguido como Repsol, Telefónica y las grandes constructoras, pero no como ellas, para diversificar sus fuentes de ingresos y de negocio, ni mucho menos, lo han hecho por pura y absoluta necesidad, para sobrevivir.

Para seguir soñando, para trabajar en lo que han estudiado y no renunciar a su formación y mucho menos a las responsabilidades que tienen aún con sus trabajadores que siguen en España.

La crisis española ha obligado a volar lejos, a una Latinoamérica que crece. A las pymes, a las microempresas y a los profesionales individuales del ladrillo, pero también a los que se han hartado de dar tumbos en la ruleta de las oportunidades de negocio hispanas con buenos curriculums, experiencia para aburrir o cientos de horas de prácticas en multinacionales.

Se trata de la misma necesidad que llevó a sus abuelos a Francia y Alemania, solo que ahora estos gestores están sobradamente preparados y acceden con proyectos debajo del brazo, en un mercado, el latinoamericano, que todavía no conoce muchas de las oportunidades de negocio que en Europa son referencias de estudio para las escuelas de dirección .

Pero lo más duro, no es el conflicto familiar y el personal que late como en todo abandono, en esta sangría profesional, ni siquiera el hecho de que se pueda marchar el mejor relevo generacional y profesional con el que nunca hemos contado.

Lo que más duele, lo que realmente lacera, es ver lo poco que hace la Administración pública por dar cobertura a esos autónomos que han optado por seguir luchando con sus armas en otros terrenos de batalla.

Doloroso ver a esos valientes buscarse la vida callejeando en México DF, en Buenos Aires, en Lima, buscándose la vida, sin contactos, con las únicas referencias de las indagaciones en Internet, buscando socios locales, a pecho descubierto, como en la época del pan y chorizo.

¿Dónde están las oficinas de apoyo? ¿qué hacen las cámaras de comercio? ¿cómo es que no reacciona Comercio Exterior? ¿por qué no se activan departamentos en las embajadas o en las oficinas consulares? ¿por qué no hay un plan de asistencia, el que sea?

Algún día leeremos los relatos en clave coral de los emigrantes económicos mejor preparados de la historia de este país que se fueron a las Américas. Los veremos en libros, en documentales, como hemos conocido otros abandonos, como los de los Niños de la Guerra o las cuitas de los tiempos de ‘Manolo vente pa’ Lemania.

Los veremos como un relato nostálgico, distante, que, sin embargo, ahora es presente. Actualidad para actuar, para dar solución a un problema humano y económico que puede recibir un respaldo voluntarista, simplemente con los recursos que ya existen.

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