Hace unos años (unos “diecimuchos”), uno podía ser un joven JASP (joven aunque sobradamente preparado), conducir un Renault Clío y prosperar en el mercado laboral con la arrogancia de la juventud. Ahora, las opciones ya no son tan estilosas, sino más bien catatónicas pues al sector más joven de la población le ha caído el mote de nini, que ni estudia ni trabaja (pues si alguno se había desenchufado de la realidad), cuyo futuro laboral se conjuga en pluscuamperfecto de subjuntivo. Es decir, “yo hubiera o hubiese encontrado trabajo si no estuviera esta crisis “desertificando” España y, sobre todo, si durante mi edad escolar no me hubiese vendido tan pronto al vil dinero”.

Lo cierto es que durante la bonanza muchos jóvenes emigraron de las aulas para asaltar los andamios y los trabajos poco cualificados, pero cuya remuneración resultaba muy calórica y muy apta para corretear por los grandes centros comerciales y concesionarios de alta gama.
Pues sí, muchos optaron por el “fast food” laboral sin echarle las cartas a sus recién estrenados gremios laborales y, con la situación actual, han descubierto que la esperanza de vida de sus puestos de trabajo resultaba muy, pero que muy corta.
Pues sí, erraron en su elección y ahora el país se topa con que más del 23% de las personas entre 15 y 29 años estaba mano sobre mano en 2010, ya que ni estudiaba ni trabajaba, según recoge el informe sobre el panorama de la educación en 2012 que presentó la organización para la cooperación y el desarrollo económico (OCDE).
Por desgracia, el término ha ampliado sus fronteras y también engloba a los jóvenes que, a pesar de contar con licenciatura, todavía no han catado las virtudes de la cotización. De modo que éstos también sufren los envites de la situación económica, aunque algo menos, puesto que muchos de ellos han decidido explorar los mercados laborales extranjeros y con una titulación en su haber disfrutan de viento a favor y el viaje se vuelve más ameno.
Pero volviendo al estudio en cuestión, resulta que España es líder en fabricar ninis, dado que aventaja incluso a la vilipendiada Grecia y a la vecina Portugal en eso de tener una juventud desamparada.
Lo cierto es que, por desgracia, es tal la magnitud del fenómeno nini y cosecha tantas noticias que hasta la Fundéu (Fundación de Español Urgente) interviene en el asunto y señala que el neologismo “nini”, procedente de la expresión “ni estudia ni trabaja”, se escribe en una sola palabra, sin espacio ni guión, y no es necesario resaltarlo con comillas ni cursiva.
¿Lo veremos algún día incluido en el diccionario de la RAE, así como se habla de los animales herbívoros, o los omnívoros? ¿Hablaremos de personas nini? Quizás, algún día, todos nos levantemos sísí (sí estudian, sí trabajan).