No solamente Bilbo Bolsón debe preocuparse por los trolls. Su avance y su “nauseabunda” huella en forma de comentarios puntillosos también atemoriza a los que tratan de vivir en armonía en sus hogares 2.0. Sí, porque toda web, blog o marca con andanzas en Internet deberá toparse, en algún momento de su existencia, con uno de estos “seres” que quieren ponernos en jaque ante nuestra propia audiencia con sus mensajes ávidos de polémica. Así que desde Websa100, agencia de social media, nos hemos propuesto enseñarte a evitar que un troll te cocine.

Desde luego, el concepto troll, además de ser un miembro honorario del imaginario de Tolkien, comenzó a fraguarse en la Red en los años 90 gracias a un comentario muy ingenioso de un tal Mark Miller aludiendo a otro usuario llamado Tad (8 de febrero de 1990).

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“Estás tan lejos de ser capaz de entender algo de lo que cualquiera dice aquí que esto sólo lleva a la inutilidad. Lo verdaderamente triste es que de verdad crees que estás ganando. Eres un terrible despilfarro de recursos naturales – por favor, reintégrate en la cadena alimenticia…, estúpido troll flatulento”, decía Miller ignorando que inauguraba el glosario de términos para la ya muy cercana galaxia 2.0

Desde entonces se han desatado auténticas contiendas con troll de por medio, cuyo máximo paladín ha sido el community manager de turno. Por lo tanto, no sorprenden la tira de consejos a los que podemos recurrir para salir airosos del enfrentamiento con el troll.

-Primero de todo, aprender a contar hasta diez muy despacito. Es la mejor fórmula para sopesar las acciones y evitar esguinces y piernas escayoladas 2.0.

No alimentes a la bestia. Déjala morir de inanición; es decir, no le pases el pienso de una réplica o una alusión ramplona. Por supuesto, acatarás el mandamiento que te ordena eso de “no tratarás de razonar con el troll”. Un troll es un troll, querrá comerte te pongas como te pongas y sólo le preocupará el modo de cocinarte.

Investiga su historial delictivo; seguro que ese troll no ha perdido la “virginidad” atacando a tu empresa o tu marca. Se desvirgaría con otras compañías anteriormente. Te tranquilizará saber que su mala baba “ha conocido muchos varones”.

De todos modos, puede que tu empresa haya sido el desencadenante de su amago troll. En ese caso, no peques de soberbia e intenta reconfortar al troll (que quizás ya no te lo parezca) con una disculpa. Una vez más, tira de matemáticas: 1, 2, 3… Resulta lo mejor para madurar decisiones sabias y no despeñarse en la Red.

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Si el troll imputa un delito a tu empresa, eso es otro cantar: concretamente, un canto de injurias y calumnias que habrán de dilucidar los expertos en leyes y, así, mantener tu reputación social a salvo de ese tipo de metralla.

Por lo tanto, si no quieres que un troll te cocine, ya sabes cómo mantenerte a salvo del salpimentado y de la hoja de laurel.