Michael Banks es el primer niño de una película de Disney, concretamente Mary Poppins, que se lee la letra pequeña de los contratos bancarios. Tal vez por ser vástago de banquero sabe que esos dos peniques que entrega en caja para iniciar una vida de ahorros “no son de Huelva” o, si lo son, proceden de una Huelva de otro planeta. Así que cuando reclama sus dos peniques para dar de comer a las aves (auténtico Leitmotiv de sus emociones de niño), éstos ya están en el buche de la entidad bancaria que se niega a devolverlos a su legítimo propietario. ¿Estamos en la antesala de unas participaciones preferentes? Quizás.

Lo cierto es que si no tienes una genética en constante DEFCON UNO cuando se trata de negociar con los bancos, como este niño, lo tienes crudo. Por lo tanto, debes entender el galimatías bancario si no quieres incurrir en descalabro financiero. Así, con este objeto, muchos colegios españoles instruyen a nuestros niños para que sean tan perspicaces como Michael Banks.

Parece que algo bueno nos traerá la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE), pues se prevé incluir una asignatura destinada a descomplicar el mundo financiero. ¿No es eso una educación para la ciudadanía en toda regla?

«Los niños podrán entender y familiarizarse con conceptos básicos como el de cuenta bancaria, fondo de pensiones, instrumento financiero, préstamo, hipoteca o tener un conocimiento general sobre el funcionamiento del sistema impositivo», se recoge en el texto llevado a la Comisión de Hacienda y Administraciones Públicas del Congreso.

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En 2008, el Banco de España, antes de estar en el candelero informativo por una presunta negligencia en la gestión de esta crisis financiera, junto con la Comisión Nacional de Mercado de Valores (CNMV) emprendieron un programa educativo para empapar de conocimientos financieros, aunque básicos, al alumnado. Así que a la iniciativa se adhirieron 414 centros, de tal modo que en nuestras aulas ya contamos con hornadas de estudiantes versados en las lides financieras y que parecen estar a años luz de una tomadura de pelo bancaria.

«Nunca firmaremos algo que nos ofrezca un banco si no lo entendemos», sostienen algunos de estos alumnos, que siguen la estela marcada por Michael Banks. Gracias a este curso, los niños han aprendido a distinguir las tarjetas de crédito de las de débito y saben, entre otras cosas, que “no es una buena idea contratar una cuenta bancaria por internet” (no sabemos qué opinará sobre esto último ING Direct, pues ya le están dinamitando la clientela futura).

Aunque del proyecto sólo se han podido aprovechar 414 centros, también se nos ofrecen recursos online a través del portal finanzasparatodos.es

No sorprenden estos giros que está tomando nuestro sistema educativo, pues esta crisis ha servido (sin entrar a debatir al señor Wert) para evidenciar las carencias de nuestra ciudadanía que, al parecer, es una crédula financiera y poco propensa a liarse la manta emprendedora. De modo que nuestros hijos aprenden finanzas y les inyectan la inquietud del emprendimiento para vacunarse contra una crisis de la que ya estamos todos sus mayores contagiados.
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