Podríamos empezar este artículo citando la célebre máxima de “sin innovación no hay progreso” y si es cierto que la innovación por antonomasia es la que viene de mano de inversiones en el campo del vilipendiado I+D+i, también se puede apostar por ella echando dosis de creatividad en la empresa:

“Herramientas interesantes para que las pymes sean más innovadoras podrían ser establecer 2 o 3 horas semanales libres, abiertas a la creatividad, donde los empleados puedan desarrollar sus propias ideas o ‘dimensionar la innovación’ a la capacidad y recursos de la empresa. Pequeños cambios en los procesos o productos pueden suponer un gran avance para el negocio”, comenta Teijón, CEO de Genializa.

Pues sí, procurar que la materia gris del empleado no se anquilose por culpa de una rígida estructura empresarial resulta una inversión en “tecnología humana” que todo empresario debe procurar. Sin embargo, esta grandiosa idea junto con los recortes con los que se “flagelan” las empresas por imperativo de esta crisis componen el principal ingrediente de la Estadística sobre Actividades en I+D (2011) del Insituto Nacional de Estadística (INE) donde se revela que el gasto en innovación tecnológica de las pymes en nuestro país es un 8,8% menor que en 2010.

Pero no tenemos que comenzar con las regañinas a las pymes, pues éstas, al menos, parecen estar enmendándose, dado que, aunque siguen siendo resultados negativos, muestran una tendencia a recuperarse de la caída libre del año pasado, cuando se produjo una tasa de variación del 15,6%.

En opinión de Sébastien Chartier, consejero delegado de CreaVenture, la culpa de esta anorexia en innovación recae en la poca paciencia de las pymes y su obsesión con un retorno de la inversión rápido como una hamburguesa de Burguer King. Por supuesto, Chartier empleó unas palabras más formales y empapadas de seriedad como las que siguen:

“La I+D+i es una de las labores pendientes de la pyme española. Muchas, al no ver un retorno inmediato (o a muy corto plazo), han preferido centrarse en meter parches en sus compañías en lugar de intentar encontrar una cura definitiva. A pesar de las muchas campañas de fomento de la innovación que ha habido, las pymes parecen no darse por aludidas, y siguen pensando que la I+D+i es cosa de grandes compañías, y no dedican los recursos suficientes en investigar y mejorar su productividad”.

Amen, Chartier, amén. Lo cierto es para lograr competitividad se necesitan raciones de innovación, pues no se puede combatir con lanzas y espadas cuando el enemigo va pertrechado de fusiles kalashnikov y aviones de combate. ¿Nos armaremos hasta los dientes?España se vacuna contra la crisis cultivando emprendedores