Muchas de esas “cositas virtuales” que vamos dejando por la red son “cositas importantes”, bien porque forman parte de nuestra vida real (formación, trabajo, portfolio…) bien porque tienen un gran valor sentimental (fotos de la luna de miel, aquel reencuentro en Facebook con Andrés que ahora vive en Canadá o el tuit al que me respondió Mariano, Mariano Rajoy).

Si queremos hacer desaparecer esas “cositas” del ciberespacio ¿sería posible? Y… si quiero que una vez mi persona deje de habitar este mundo, mi “yo virtual” desaparezca con él ¿cómo lo hago? Si no aclaro nada al respecto, ¿pueden gestionarlo mis familiares? Igual que suele hacerse con los bienes materiales, quizá debamos tener en cuenta esta nueva faceta de nuestra vida y tomar las medidas necesarias para salvaguardar nuestra información cuando ya no tengamos control físico sobre ella. Hay dos opciones: que todo se pierda o repartir el legado.

Google ya ha pensado en ello y ha creado un “Administrador de cuentas inactivas”. Lo primero que hay que hacer es configurarlo, según lo que le “digamos” y mediante la detección de los últimos inicios de sesión, el historial web y el uso de Gmail, eliminará nuestra cuenta avisando a nuestros contactos.

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Hotmail conservará todos los datos del usuario fallecido. Los familiares pueden solicitar una copia en CD de todos los mensajes de la cuenta del difunto. Para ello se deberá presentar un certificado de defunción, copia del DNI del fallecido y justificante de la relación entre ambos.

Cuidadito con las cuentas de correo electrónico. La información que tenemos en ellas, sí que es privada, y las corporaciones, una vez reciban el papeleo pertinente, revelarán contraseñas dando acceso a todo lo que haya. En ocasiones se puede generar un grandísimo problema. Puede que haya información que no se ha revelado a la familia por alguna circunstancia y quedará expuesta. Cuidado.

Facebook tiene la opción de “Solicitud de cuenta conmemorativa”. Con esto, amigos, familiares o contactos pueden solicitar a Mark que cierre definitivamente el perfil o que lo mantenga para que el círculo más cercano pueda expresarse y dejar sus comentarios/condolencias.

LinkedIn y Twitter tienen opciones similares. El representante legal puede solicitar el cierre de la cuenta, proteger los comentarios públicos y pedir una copia de todos los movimientos públicos del difunto aportando la documentación oportuna (datos de contacto, relación con el usuario fallecido y justificante de la defunción).

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También hay software que hace que la información caduque. X-Pire permite establecer una fecha de caducidad a las fotos, enlaces o comentarios que se suben a las redes sociales. Llegado el día de expiración, se eliminarán.

Lo último que citaré (aunque no nombraré las webs por parecerme enfermizo para el “contratante”) son las webs que crean una mente digital con la vida online. Me explico: si facilitamos a dichas páginas las cuentas y contraseñas de mail y redes sociales, harán un análisis del comportamiento del dueño y seguirán publicando o enviándonos mails como si el fulano estuviera vivo… Realmente peligroso. (Véase: Black Mirror-Be right back).

Aunque solo pensarlo nos cause un poquito de malestar, dejar instrucciones al respecto quizá no sea algo tan descabellado. Las opciones que presentan las empresas no son más que medidas impersonales que se limitan a “conservar” el legado digital. Por ello no está de más la creación de un testamento virtual, no será más que un documento en el que se indiquen las cuentas y contraseñas, la decisión de quién debe gestionarlo y qué debe hacer con ello.

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