Habemus guía para escribir en internet como la RAE (Dios) manda en la Red. Los blogueros, tuiteros y feisbuqueros, entre otros gentilicios fabricados por las redes sociales, están de enhorabuena porque la Biblia para una buena redacción acaba de salir de la imprenta. ¿Por qué un manual de estilo de los nuevos medios? Sencillamente, porque hacía falta.
Entre los apóstoles que han acudido a la presentación del libro, figuraba José Manuel Blecua, director de la RAE y presidente de la Fundación del Español Urgente (Fundéu). Según este mandamás de la gramática castellana, la RAE es consciente de “la auténtica revolución” que suponen las comunicaciones electrónicas y las redes sociales. Y, sobre todo, añadimos nosotros, renunciar a “legislar” sobre esta materia dejaría nuestra lengua a merced de los actos vandálicos.


De hecho, internet es una parturienta que no cesa de alumbrar hijos bastardos que necesitan ser reconocidos por sus padres: porque “twittear” es “tuitear” tras pasar por el Registro Civil de la Academia, porque las “tablets”, en realidad son tabletas y que los contenidos no están enfermos (curador de contenidos) y, si hay que buscarle enfermero, le asignaremos los cuidados a un responsable de contenidos.
Lo cierto es que el director general de la Fundéu, Joaquín Müller, asegura que una mala ortografía y una gramática atroz pueden erigirte en el “trendy” tonto de la Red: “Los internautas saben que no hay lugar más público, mayor plaza pública que Internet (…) y no hay sitio en el que puedas estar más expuesto que en la Red, donde una falta de ortografía, una pequeña mentira, un mal dato puede ocasionarte el mayor desprestigio”.
Nunca un acto de la RAE consiguió atestar de tuiteros sus escaleras y de tuits el panorama del ¨microblogging” pero es que escribir bien cada día resulta más rentable.
“Esa exposición pública permanente que se da en los nuevos medios obliga, sin duda, a la corrección. Cualquier falta de ortografía destruye el mensaje. Si lo hacía en las cartas íntimas de amor, ¡cómo no va a hacerlo en los textos públicos de la red!”, comenta Müller.
Pero también la cortesía es tema de examen. Así, el manual incluye unos consejillos para no incurrir en malos modales 2.0. Todo un repertorio de civismo para navegantes…
¡Y sorpresa!, la Fundéu también mete en su “costurero” nociones sobre el diseño de una página web, cómo sacarle el mayor rendimiento a los buscadores, la accesibilidad en los nuevos medios y consejos jurídicos para no languidecer en internet.
Por cierto, y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, a ver si rociamos de insecticida la expresión “social media” y la sustituimos por medios sociales, mucho más patria, pues somos herederos de Cervantes y no de Shakespeare. Así que evitemos que nos monten un Gibraltar en el lenguaje…