Ésta es la fábula de la impaciencia:

Una pyme creyó en el poder terapéutico de los social media para vigorizar su empresa. Así que se puso a inaugurar cuentas sociales y compró un solar.com donde erigió su blog corporativo. Tramaba que los seguidores retuitearan sus posts, como los fans de Los Beatles tatareaban sus canciones (porque tatarear y tuitear lo mismo da). Como agencia de social media sabemos que ese es el sueño dorado de cualquiera.

Toda la tarea la asumiría ella, nada de terceros a los que sólo interesa redactar facturas: daría de comer al blog con sesudos artículos que rezumaran “expertise”: tuitearía, fesisbuquearía, linkendaría... Practicaría todo verbo 2.0. Sin embargo, le faltó constancia, además de profesionalidad, para ver el árbol crecer. Aquello no daba sombra. Por lo tanto, abandonó los “árboles”, que se secaron por falta de riego social, y allí quedaron, a la vista de todos, alimentando un paraje nada alentador para el cliente que se asomara por allí, pues le mosqueaba el abandono del lugar. Eso es mala imagen 2.0 made in uno mismo.

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Por supuesto, nos encontramos con una segunda pyme que contrató a los expertos, que empezó modestamente, pero empezó; poco a poco, con el ahínco de la hormiga. Y consiguió un roble que espantaba las insolaciones por crisis. Al menos, una sombra que le permitía tirar palante y estar siempre presentable ante el consumidor.

¿Y esto a “fábula” de qué?, se preguntarán algunos. Pues a cuento de muchas cuentas sociales que yacen abandonadas por sus dueños. Sí, como mascotas que en su día nos entusiasmaron pero que luego, cuando dieron problemas, decidimos abandonarlas en la cuneta. Ay, pero no sólo a ellas, sino también a nuestros seguidores, amigos y posibles clientes a los que dejamos en herencia un blog desfasado, un twitter y un facebook con las constantes vitales perdidas hace unos cuantos meses con comentarios sin atender, tuits descolgados…

Aunque a veces, la cuenta está actualizada, pero parece que a la empresa sólo le interesa atestarla de tuits y retuits, un museo del tuiteo donde nadie interactúa o responde a las preguntas y observaciones de su audiencia. ¿Eso qué es? Sordez 2.0

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Por lo tanto, a veces somos nosotros los jardineros de nuestra mala reputación on line. Dejamos que crezcan las zarzas, no escuchamos, no trabajamos, no tenemos disciplina, no desbrozamos los comentarios con respuestas certeras, ponemos los aspersores y no sabemos ni qué estamos regando y si realmente les falta agua o las estamos pudriendo con tanto aguacero. A buen entendedor, pocas fábulas bastan. Así que si no queréis que una fábula se cebe con vuestra historia, sed buenos jardinero y practicad el noble arte de la comunicación, siempre fue buena (sea analógica o digital)