A presupuestos escuálidos, resultados escuálidos. Nos explicamos: muchos empresarios se vanaglorian de ser practicantes y creyentes de la religión del “social media”,  aunque tan sólo deriven una cifra ínfima de dinero al desarrollo de estrategia en medios sociales. Además, suelen exigir al responsable de social media información acerca del paradero del dichoso retorno de la inversión (ROI) al que no se avista ni en cien kilómetros a la redonda. Sí, muchos aguardan echar dos migas de pan y que todo un banco de peces acuda en masa a interesarse por el menú del restaurante. Una realidad que como empresa prestadora de servicios de marketing online conocemos.

Así,  según el estudio del IESE “Los medios sociales en España, la visión de la alta dirección”, resulta que el 90% de las empresas encuestadas dedica al marketing online el 50% o menos de su presupuesto total, mientras que el 50% de las empresas invierte el 10% o menos y el 70% dedica a medios sociales el 10% o menos del presupuesto online. Aunque ya sabemos que una de las virtudes de las estrategias sociales es que nos permiten aparentar más de lo que somos por muy poco dinero, además de codearnos con los grandes y guiñarle el ojo a muchísima más clientela. De hecho, se puede lanzar una digna campaña en redes sociales a bajo coste (“low cost” para los amigos de verbo guiri), pero no se puede ajustar tanto y luego pretender resultados exponenciales.

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Por suerte, esta mala costumbre empieza a resquebrajarse, dado que un 52% de las empresas en España ha aumentado su presupuesto para comunicación en medios sociales y digitales en el último trimestre, según el barómetro trimestral Grayling Pulse.

Pero una vez con las perras debidas, quizás la pyme no acabe de entender de qué va esto del social media o su community manager no se haya percatado todavía en  qué consiste su trabajo (lo que aún es peor). De este modo, nos enfrentamos a un sinfin de cuentas sociales donde las marcas acribillan a sus seguidores con “tuits”, “posteos” o “feisbuqueos”, pero luego son incapaces de atender las dudas de su audiencia. Además, es preciso monitorizar no sólo lo que se murmura (más bien se grita gracias a un altavoz 2.0) acerca de la marca, sino también conocer lo que se dice respecto al sector en cuestión o la localidad en que se radica el negocio.

También podríamos hablar de aquellos que parecen presentadores de la teletienda reciclados a responsables de comunidad que se pasan el día pariendo contenido promocional, intentado verle los números a la cuenta corriente del usuario y, para colmo, todo ello sin un ápice de creatividad. A éstos les aconsejamos desprenderse del mono de comercial y empezar a despachar actualizaciones interesantes capaces de cosechar seguidores.

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Hablando de actualizaciones, ¿sabéis que hay empresas que publican lo mismo en Facebook que en Twitter? Como si se pudiera cocinar con la misma receta un cocido y unas lentejas, ¿verdad? Pues eso, que el guiso exige recetas diferentes y estos tiempos online reclaman empresarios capaces de practicar cocina 2.0 en sus negocios.