Estás a punto de pasar de la teoría a la realidad, estás a dos telediarios de crear tu empresa y aún tienes algunas dudas sobre si el nombre que has elegido para tu sociedad limitada va a funcionar. Si va a ser reconocido, si combinará bien en todos los entornos y plataformas y si circulará, al menos, como se mueve el dichoso nombrecito entre tu ánimo y tus dudas. No es un embarazo, pero lo parece, porque hay fecha para dar a luz y hay tensión especialmente si se es primerizo en esto de crear una empresa de la nada.

¿Te preocupa la efectividad de tu denominación? Pues aquí va una fórmula secreta: elegir un nombre descriptivo, exageradamente corto, sencillo, claro, que no se case con ninguna ubicación temporal, de clase, ni geográfica, que suene bien al oído, que sea fácil de recordar y que guste. Y no tiene por qué ser a ti. Pero hay matices. Vamos a echar un vistazo a alguna de tus opciones, sin ser exhaustivos, por supuesto:

¿Se te ha pasado por la cabeza la idea de personalizar el nombre? Bien, puede ser un recurso para humanizar la actividad y especialmente para sacar provecho a una trayectoria, a una biografía o a un prestigio. Si Juan Pérez es frutero reconocido, Frutas Juan Pérez le dará a la pyme esa pátina que funcionará como un valor añadido.

Pero si no tienes biografía y la quieres crear el nombre de la empresa, tal vez no sea una buena idea. Sería perder un potencial y hasta sonaría pretencioso por su hedonismo latente. Convertir tus nombres y apellidos en un acrónimo. Esa puede ser la calle de enmedio. Frutas Carpema, las frutas de Carlos Pérez Martínez.

Pero ¿y un guiño popular? Está claro, funcionará mientras el guiño sea reconocido y tenga gracia, pero morirá en el olvido cuando ya nadie recuerde el referente.

¿Frutas ¡Joorrrl!? Bueno, Chiquito de la Calzada ya no cuenta chistes y un nombre así, con gran impacto inicial, está desapareciendo del imaginario colectivo a la velocidad que se llenan los huecos con nuevos ‘palabros’.

Y fuera de los guiños coyunturales, ¿qué tal las denominaciones evocadoras? Palabras acabadas en ania, alia, polis, itas… Imitan el buen nombre de los vocablos latinos y el de territorios exóticos inencontrables y soñados. Sí, pero según para qué. Churropolis puede ser un nombre ajustado para una cadena de franquicias con negocio basado en la venta de churros, pero suena fatal.

¿Y jugar a los equívocos, a los dobles sentidos? Sí, pero hasta cierto punto, hasta el punto en el que perdemos uno de los argumentos de nuestra receta mágica, la claridad. En esto, la última palabra la tienes tú. La medida la pones tú.

¿Copiar para mejorar el nombre de una competencia? Eso diría poco de ti y mucho de unas intenciones que no casarían bien con la búsqueda de prestigio. Mejor déjalo, esa no es una opción, por mucho que te suene bien.

Más allá de los extremos de este comentario, la receta, funciona, llenarla con la palabra y el concepto adecuados para darle valor, esa es la cuestión.

Quizás no estaría de más pedir la opinión a los miembros de tu bloque, a tu familia, a tus amigos y sacar tus propias conclusiones. Ellos son gente real, como los que te comprarán y creerán en tu proyecto profesional que lleva ese nombre tan adecuado. El que ahora te hace perder el sueño.