¿A quién tiene que matar el community manager para que se regule la profesión?

A vueltas con la figura del community manager. Empezamos por la noticia buena, y es que en tres años el pronóstico es que todas las empresa (o al menos las más avispadas) sumen a su plantel de trabajadores un community manager para que les ejerza de guardia urbano simpaticón de todas las idas y venidas de sus seguidores en las redes sociales. Sin embargo, también tenemos una mala noticia y es que este sector alimenta todos los días la polémica sobre lo que es y no es un community manager: que si yo lo soy y tú no, que si mis tuiteos obtienen más retuits que los tuyos… y un sinfin de majaderías semejantes indignas de reproducirlas aquí.

Para explicar el galimatías 2.0, empecemos por Hemingway. Porque no os empeñéis, el junta letras no lucía su barba en orla alguna de promoción 00/00 de licenciado en periodismo. Aún así, a pesar de no disponer de “licencia para matar”, el escritor persiguió la noticia a lo largo y ancho de una Europa en ruinas y una España a punto de abismarse en una guerra fraticida y podríamos seguir, y seguir, citando ejemplos, hasta que el último community manager desapareciese de la faz de la tierra. Sí, pero hablamos de excepciones, apuntarán algunos. Quizás.

El caso es que en España, nos enfrentamos a una suerte ley del más rapido, hay un vacío formativo, y muchas empresas y centros aprovechan para impartir sabiduría al respecto de esta materia. Pero entramos en un contrasentido, pues los que ejercen de maestros son profesionales que en su día fueron como Hemingway: se hiceron a sí mismos y ahora esos espadachines enseñan su esgrima a otros.

Eso está muy bien. Compartir conocimiento ya lo inventó Platón en su Academia griega. Él era un estudioso, un privilegiado de la materia gris y no quiso reservarse todo el conocimiento. Sí, era un “tuitero” que compartía, compartía y tenía muchos “followers”.

Pero lo dicho, aquí no hay una enseñanza reglada y todo son propuestas privadas o semi. Lo cierto es que una profesión que nos viene a la memoria que resultaba incluso peligrosa que anduviera huérfana de formación oficial es la de vigilante de seguridad en discotecas y derivados. Hizo falta una tragedia para que nuestros políticos mandamases le echasen la red a este curro y exigiesen contar con ciertos exámenes aprobados para ejercer la profesión.

En el caso que nos ocupa, ¿tenemos que esperar a que un community manager mate a alguien? ¿A un seguidor que “trolleaba” demasiado a su empresa o que liquide de un disgusto 2.0 a su jefe?

Algo así parece sugerir Igor San Román, CEO de Sociálitas (una agencia de social media). “Desgraciadamente, hará falta un caso sonado de mala práctica para que se regularice”. Que nos perdone si hemos deducido demasiado y añadido algo más de nuestra cosecha a su cábala.

Asimismo, el CEO de Sociálitas recomienda a las empresas exigir un master o curso de un año a sus futuros responsables de comunidad, además de experiencia real de más de dos años como gestor de comunidades online.

Nosotros esperamos regularización para que el “community management” deje de ser una tierra de lobos. Lo demás ya vendrá solito.