La Iglesia necesita vocaciones y el emprendedurismo también, ¿te interesa la religión emprendedora?

Al parecer, esta crisis aboca a los españoles a emprender. Dicho así parece que nos enfrentamos a un castigo, a un “qué remedio” y a un “voy a ver qué pasa si me monto una sociedad”. Lo cierto es que para emprender es preciso ser un forofo, un convencido de la emprendeduría que no se deja achuchar por el destino cruel que nos impone la crisis. Si emprendemos, ha de ser porque somos creyentes y devotos de la filosofía emprendedora.

Sin embargo, el español sólo tira por el autoempleo cuando las bofetadas laborales son multitud: un 57% de los españoles está dispuesto a montar su propio negocio en el caso de no encontrar trabajo.

El dato lo arroja una encuesta elaborada por Randstad, así que somos emprendedores por resignación, pero ¿cómo andan las vocaciones emprendedoras en el parque español de desempleados? Pues parece que los hombres (un 57% )son más proclives a lanzarse a la aventura empresarial que las mujeres (43%). Por supuesto, la edad y la formación también inciden en los ánimos. De este modo, los profesionales de entre 25 y 34 años son los más partidarios (59%), mientras que aquellos con edades comprendidas entre los 45 y 65 años, parece que ya no están para esos meneos (un 40%).

Además, cuantos más títulos acarrees en tu retaguardia académica más desparpajo emprendedor. No en vano, los que cuentan con educación universitaria (65%) se declaran más entusiasmados con la idea de crear su propia empresa en el caso de seguir afiliado a la cola del paro. Respecto a los que disponen de un título de Bachillerato, éstos tampoco sienten el vértigo emprendedor, ya que un 61% se lanzaría a ello. Mientras que, en el lado contrario, se encuentran aquellos trabajadores sin estudios (un 44%). Éstos se lo repiensan bastante.

También la región de residencia repercute en la determinación por emprender. De modo que dime dónde vives y te diré si eres emprendedor o no. Así los murcianos destacan por su carácter decidido y les gusta tantear los negocios con un apabullante 90% de empresarios en potencia. Los navarros también se decantan por este modus vivendi (un 75%) y los madrileños tampoco le hacen ascos a la opción (un 70%).

En cambio, los vascos (46%), los canarios (45%) y los asturianos (un 41%) se declaran fervientes admiradores del trabajo por cuenta ajena vistos los escuálidos porcentajes de posibles empresarios.

Por lo tanto, nuestros emprendedores no sienten la llamada de la vocación, sino de la desesperación. Además, atendiendo al Informe GEM España de IE Business School, España se sitúa como uno de los seis países menos emprendedores de los cincuenta y nueve analizados.

De hecho, según recoge el estudio que acabamos de citar, “en 2010 continuaron deteriorándose las condiciones de entorno para emprender, alcanzándose la valoración media más baja desde 2005”.

Sólo nos queda una plegaria para elevar al despiadado dios de la economía: que la religión de la emprendedurismo crezca en adeptos y que muchos, muchos españoles escuchen la llamada de la vocación y pocos la de la desesperación.