Razones y sinrazones para la discriminación laboral femenina

La mujer gana menos dinero que un hombre en igualdad de condiciones. Este es el axioma oído y repetido hasta la saciedad por los defensores de los derechos de la mujer, por portavoces sindicales y por los mismos candidatos políticos de las campañas electorales que siguen los discursos que les dan más relevancia social a sus mensajes.

Pero ¿hay razones para la discriminación, incluso para justificarla o para autojustificarse? En ésto como en botica, hay de todo y hasta va por barrios.

Una de las razones que aventuran quienes en Estados Unidos se han dedicado a estudiar a fondo las bases del empleo femenino es que las mujeres no son agresivas a la hora de negociar sus salarios.

Resultarían más conformistas que los hombres y aquellas mujeres que son más espontáneas a la hora de exigir más con sus argumentos fueron penalizadas por comportarse desafiantemente de esa manera. ¿Un doble rasero o una actitud incoherente? ¿Usted lo entiende?

Otro argumento para valorar es que los hombres suelen elegir carreras profesionales técnicas por una cuestión que los biólogos suelen explicar como la más acorde con la estructura psicológica masculina, con cómo se organiza su pensamiento y se desarrollan sus motivaciones de autorrealización.

Quienes buscan una justificación para una diferencia de salario sexista llegan a la conclusión que en las profesiones técnicas se paga más que en las no técnicas, entendidas por técnicas las ingenierías y sus afines. Las mujeres serían ‘poco técnicas’ y, por tanto, cobrarían menos.

Otro argumento, muy popular por cierto, es el de que las obligaciones famliares de una mujer casada detraerían la disponibilidad que se le supone a un trabajador entregado a su empresa.

La maternidad potencial de toda mujer joven sería, en esa línea, un ‘riesgo’ añadido para la continuidad del puesto laboral y lo que querría toda empresa. ¿Machismo y una actitud retrógrada? Sí, si se lee tal cual, pero hay más.

La psicóloga canadiense Susan Pinker habla en su libro ‘La paradoja sexual’ de una renuncia de las mujeres a dejarse arrastrar por horarios de trabajo flexibles que comprometan sus obligaciones y sus responsabilidades familiares.

Una naturaleza conciliadora que no estaría en el ánimo de los hombres y que se valoraría en los departamentos de recursos humanos de las empresas.

Pero, un estudio de la consultora americana Reach Advisors en 2008 demostró también que las mujeres jóvenes sin hijos, sin cargas familiares, ganaban un tanto por ciento más, pequeño, si, pero apreciable, que sus compañeros del mismo nivel profesional y de la misma edad.

¿Y ésto cómo se puede interpretar? Se puede ver como una valoración de un profesional femenino sin cargas familiares, o sea, ese machismo popular que citamos, o las mujeres jóvenes valoradas como figurines en el desafiante mundo de la gestión empresarial y comercial. Sin comentarios.

¿Y a usted qué le parece todo esto?