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Malos jugadores de ajedrez

Malos jugadores de ajedrez

Autor: Mario Ortúñez Rubio

Malos tiempos corren para todos. Crisis. Palabra maldita que corre de boca en boca, en los cafés, en la calle, en la prensa...

...esperemos que también en los ministerios y en cuántos organismos públicos tienen mucho que decir para que poco a poco esta siniestra y ambigua palabra vaya desapareciendo de nuestro vocabulario diario, que no de nuestra memoria lingüística.
Pero mientras esto llega, a las empresas, grandes o pequeñas, se les plantean varios problemas, ¿cómo sobrevivir a la crisis?, ¿cómo seguir facturando lo mismo?, ¿cómo reducir gastos?... Nos guste o no aceptarlo, solemos funcionar con primeras ideas, pensamos poco en las consecuencias de esa primera idea, la llevamos a cabo y sobre la marcha pensaremos, a su vez, otras primeras ideas que solucionen los problemas derivados de aquella que dio origen a este vendaval de desgaste neuronal. Somos malos jugadores de ajedrez, nunca pensamos en las consecuencias y solemos improvisar defensas movimiento tras movimiento, cuando a lo mejor con uno sólo, tal vez dos, fuese más que suficiente para defenderse y el resto del esfuerzo dedicarlo al ataque.
 
Esto viene al caso porque en épocas de crisis del primer sitio que las empresas recortan es: marketing, publicidad, diseño… ¡que frivolidad gastar el dinero en estos menesteres! Y nadie se sienta a ver que no sólo no hay que reducir partidas en estos campos si no que habría que aumentarlas. Es en estos momentos cuando una acertada campaña de publicidad, un buen plan de marketing o un estupendo diseño conseguirán mantener beneficios, evitar pérdidas e incluso recuperar nichos de mercado y obtener nuevos beneficios.
 
Es en estos momentos cuando una idea pensada, no la improvisada, que requiera una pequeña inversión se nos puede volver a favor nuestro. Pero esas ideas necesitarán de los soportes gráficos y de comunicación para hacerse públicos y reconocibles.
 
Recortando gastos dejaremos de tener presencia en el mercado, un error fatal que no suelen cometer ni siquiera las empresas sólidas y consolidadas que de cuando en cuando hacen campañas recordatorio. Al dejar de tener presencia será más fácil que otras empresas que recurrían a la nuestra poco a poco se vayan olvidando de nosotros, nuestra facturación se reducirá y la situación económica de la empresa se resquebrajará poniendo en peligro de quiebra las inversiones y el esfuerzo de duros años de trabajo.
 
Lamentablemente esto no se ve. Como la ley nos ponemos una venda en los ojos, en este caso la de la improvisación, la muerte lenta y ciega. Y se antepone, por desconocimiento o por miedo, a las soluciones brillantes y hábiles que nos pueden hacer salir fortalecidos de cualquier crisis, por grande que ésta sea.